MARÍN VIECO: Sus Obras y Proyectos
Por: Rodrigo Sangiral. El Colombiano 1956
Hace cerca de cuatro años, una cuadra abajo del parque de Bolívar funciona la Galería de Arte Nacional. Sin ninguna subvención oficial, contando con los modestos cinco pesos que sus socios y afiliados pagan mensualmente, se sostiene y prospera esta entidad particular, en mucho gracias a las energías del escultor Jorge Marín Vieco. Marín Vieco es un hombre de pocas palabras, apenas si las afloja cautelosamente, con alguna timidez que tamiza cada una de sus respuestas espaciosas, bien medidas para no resbalar de pronto.
¿Cuántos años hace que se dedica a la escultura?
- En realidad he vivido manoseando barro aún antes de que tuviera uso de razón. Mi tío el escultor Bernardo Vieco influyó sobre mí aunque pronto me alejé del rigor clásico de este extraordinario maestro. Como comprenderá en mi familia se gestó lo que sería el eje que me rodeó desde mi cuna. En cierta forma podría decir que no elegí mi vocación. Ella me eligió a mí.
- Pero...
- Allá iba. Hablando en rigor esculpo sistemáticamente hace siete años. Antes es cierto, me ocupó bastante la música y hasta aprendí a tocar con alguna agilidad, sin llegar a ser un virtuoso por supuesto, el saxofón y el clarinete y si no hubiese sido por que la escultura me atraía del todo, habría terminado mi vida como músico.
- ¿No ha desfallecido entonces nunca en su carrera artística?
- Jamás. Puede suceder que ni las artes ni la literatura no sean de las actividades más lucrativas en Colombia, pero todo en la vida no ha de consistir en acumular dinero únicamente. Con lo que tengo, con mi casa de Robledo y mi taller de fundición, me encuentro satisfecho. Tanto es así que la mayoría de mis obras que pasan ya de cien las he vendido a un precio módico a mis amistades cuando no, las he regalado simplemente. Que yo recuerde, por las que mayor cantidad de dinero he percibido son un Quijote, tallado en Madera –cedro negro- por la que me dieron dos mil quinientos pesos y "Paz", la obra recientemente adquirida por el Museo de Zea por la cual obtuve mil quinientos pesos.
- Supongo que durante su vida de escultor habrá tenido muchas experiencias interesantes.
- Es evidente que sí. Mi viaje a México y tropezar de repente con el magnífico espectáculo de ese mundo artístico que lo absorbe inmediatamente a uno, cotidiano, popular, donde se realiza arte autóctono, indigenista – Siqueiros, Rivera, Cueto en escultura – y en donde nuestros mejor logrados escultores como Rozo y Arenas Betancur hallaron el ambiente propicio, la plaza ideal para difundir su obra, para realizar arte americanista sin olvidar la Patria.
- Le parece a usted, pues, que debe realizarse arte apelando exclusivamente a nuestras propias fuentes de inspiración?
- Y para qué buscar otras si nuestra historia, nuestro paisaje y folklore son fuentes inagotables? Eso no cabe dudarlo. Por tratar de hacer arte recurriendo a lo que es nuestro, no hojeo actualmente revistas europeas. Está bien que uno antes de adquirir madurez reciba la influencia saludable de Rodin, de Barlach, de José Domingo Rodríguez, (el escultor colombiano que más admiro). De seguro estos maestros encaminaron mi juventud pero después es cuestión de ir uno abriendo su propio camino.
Y... En mi caso no le podría asegurar cabalmente en cuál de las escuelas debería matricularme. Creo sinceramente que hago expresionismo, respetando desde luego muchas normas académicas y como quiera llamarla mi escultura es simple y sencilla. Si estoy metido en un "istmo" conjeturo que es culpa de la época que desea que uno se encuentre situado en un sitio preciso. Planeo mis obras mentalmente sin trazar ningún rasgo: las maduro, en cierta forma les doy consistencia durante algún tiempo y cuando ya la estructura está formada del todo en la mente, me dedico de lleno a realizarlas hasta dejarlas fundidas cuando trabajo con bronce. Cuando esto sucede es porque el cerebro ya ha abandonado ese plan, porque se lo ha entregado en cierta forma a las manos para elaborar otra nueva estructura. Para llegar a esta técnica estudié bastante tiempo dibujo con Humberto Chávez y Luis Eduardo Vieco y es que no se puede esculpir bien, nunca se podrá llegar a ser un buen escultor sino se domina antes de todo y totalmente la técnica del dibujo.
- Cuál considera usted que sea la mejor de sus obras?
- No la he realizado, - declara -. Siempre la que está en el cerebro, la última es la mejor.
- Qué aconsejaría usted a un novel escultor?
- Constancia. Dentro de nuestra juventud hay muchachos que prometen. Pero la escultura es ejercicio de toda una vida y para empezar bien debe ejecutarse academismo en un principio. No creo en esos artistas que comienzan haciendo abstraccionismo , modalidad que para que no sea falsa requiere la mano de un maestro. Las artes necesitan consagración y tanto los artistas como el literato vienen de imponer en nuestro medio la verdad irrefutable de que cada uno debe vivir de su profesión. Es lo que yo he hecho a través de veinte años. Habrá sido modestamente pero nunca me he alquilado; he vivido, aunque sea económicamente, de la escultura y pienso vivir el resto de la vida de ella.
Jorge Marín Vieco ha alcanzado en realidad esta posición ideal para un artista. En un principio se dedicó a la mecánica, a la reparación de instrumentos musicales, a la marquetería de la cual derivó durante varios años su subsistencia. Luego comprendió que para realizar la vida plenamente debía entregarse en cuerpo y alma a la escultura y así lo ha hecho con modestia pero también con resolución. Fruto de ello son sus obras constantes. Las obras que proyecta hoy, un monumento a la Bandera y un Bolívar en el Montesacro.