JORGE MARÍN VIECO

Por: Ovidio Rincón. La Defensa, 1949

Sólo por mediación de un amigo hemos logrado los datos de Jorge Marín Vieco, artista excelente y múltiple. Su excesiva modestia lo ha confinado al reino de los afectos espirituales y lo ha alejado, rápido y elusivo, de la vana balumba de los círculos, peñas y congregaciones tan locuaces como inútiles. Artista integral, mira la vida por el arte y abandona sin despreciar los afanes de otra índole.

Marín Vieco vinculado a una familia de artistas especialmente por la línea materna, tiene en la actualidad 39 años. Nació en una modesta casa suburbana en el barrio Santa Ana, en las cercanías de Villa Hermosa. Tiene dos hermanos, Alberto; violonchelista y considerado como el primero en su género, y Marta; también dada a la disciplina del arte.

Su infancia lo hizo introvertido, si cabe la palabra. Cursó los años escolares en Medellín y años después sirvió al único cargo oficial de su existencia: policía-músico, de la banda departamental de Antioquia.

Gratuitamente ha sostenido un centro de enseñanzas musicales, especialmente destinado a formar saxofonistas. Su dominio del pentagrama es completo, y puede tocar ocho instrumentos con inusitada maestría.

Es, además, pintor de mérito. Pero su predilección es el modelado. Como escultor posee una fuerza activa y apasionante. Sus cabezas, Artel, Barba Jacob, Manolete, son precisas y perfectas. Domina el barro original con una condición y una fortaleza admirable. Tallador no menos excelente, sus fuentes económicas habituales se destinan a la fabricación de molduras de marquetería perfectas. Una vez que termina una, cuando el apremio del cliente cede y comienza el del artista en procurarse unos dineros, atiende con el producido las necesidades del hogar generoso y vuelve a sus ratos de ocio, a su producción artística e inagotable.

Otras de sus grandes fuentes de entradas que lo haría rico en breve si a ella pusiera interés es la elaboración de maquetas de edificios, que las ha hecho admirables, tal como el primitivo proyecto de Nutibara, de Nel Rodríguez, que fue abandonado por el actual diseño. Igualmente es al autor de la maqueta de la plaza de toros la Macarena entre otras.

La arquitectura de su casa-taller Salsipuedes, es también su creación. El lote fue adquirido en 1939, áspero exornado con hierbajos y ortigas, en la suma de trescientos pesos.

Elevó la construcción de la casa de campo, que como la parroquial del poema, es de todos. Allí se refugian, para olvidar el gris cemento y la prosa dura de la vida todos los artistas, amigos o desconocidos y Marín Vieco les da, no sólo el pan abundante de la huéspeda sino el ejemplo de su vida laboriosa y romántica.

Famosas son las fiestas que ofrece y no es extraño el caso de que el huésped de una noche resuelva radicarse unos dos o tres meses en la residencia acogedora como ocurrió con Lucho Bermúdez y Matilde Díaz. Porque es el hobby de Marín Vieco el de la hospitalidad sin tregua y sin preguntas. Y así, entre un tubo de colores, un poco de barro y algunos poemas – también ejerce un poco clandestinamente – se van las tardes y las madrugadas de los familiares y siempre abundantes huéspedes de la casa.

Despreocupado de los bienes de la tierra, su forma de contacto con la civilización, es un Studebaker, cuyo modelo de 1922 es casi una propaganda heroica . la cafetera destartalada se cruza con los automóviles lustrosos con esa modestia insolente que es la virtud de la modestia. Y Marín Vieco cumplida la brevísima tramitación regresa a su tierra y su cielo, a su campo frutal y breve.

Mientras viaja – que es uno de sus mejores anhelos, por el mundo – va por el espíritu, jinete de una nube, tripulante del barco que siempre tienen los estanques con su rostro moreno, indígena, sus ojos como tajados en la cara cobriza, su silencio. En él se cumple, plena y sencillamente, aquella frase del poeta:

"y todo el que camina una legua sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral". porque Marín Vieco ama todas las cosas del mundo. Y el cuerpo recio y fornido se inclina, reverente, sobre la nueva rosa del jardín, crecida misteriosamente en la noche, en un solo instante invisible, de lentos movimientos.

 

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