Por: Fernando Gómez Martínez. Medellín, 16 de diciembre de 1956.
Palabras en un Aniversario
Discurso leído anoche por su autor en la velada con que la Galería de Arte Nacional celebró el aniversario de su fundación.
Señores:
Jorge Marín Vieco, presidente de la Galería de Arte Nacional, me escribió una carta que me ha llenado de orgullo. Me solicita en ella que lleve la palabra en este acto, y me recuerda que con Rafael Sáenz, el pintor, se acercó a mi escritorio hace un año a participarme el proyecto de fundar esta sociedad de artistas. "A usted primero que a todos" dice. Y agrega: "Fue grande nuestra alegría cuando recibimos su aliento y decidida colaboración, y tuvimos desde esa ocasión el placer y el honor de contarlo como el primer socio fundador".
Hay honores ocultos como hay tesoros ocultos. Este de que me habla Jorge Marín es uno de aquéllos. Había seguido yo con interés y había visitado con gusto el pequeño salón abierto por él frente a mi despacho, donde se hicieron varias exposiciones y donde se reunían en camaradería franciscana algunos cultores de la belleza. Y había sabido con dolor que ese salón se iba a cerrar porque... bueno, porque era refugio de artistas y no gerencia de empresas. Pero fue grata noticia la que me dieron los visitantes cuando me anunciaron la creación de una sociedad de fines culturales – ajena a todo propósito de lucro – que siguiera y ampliara los fines del salón de Marín Vieco. Cuando yo sabía de mi modesta intervención en la fundación de la Galería de Arte Nacional era que rechacé figurar como socio honorario y exigí ser activo y contribuyente.

Panorámica de la Galería de Arte nacional
Decidieron la fundación – quiero recordarlo como justo homenaje - Jorge Marín Vieco, Rafael Sáenz, Ricardo Piedrahita, Campo Elías Arango, Carlos Puerta, Maruja de Marín Vieco, Emiro Botero, Gabriel Posada Z., José H. Betancur, Pedro Nel Gómez, Luis E. Vieco, Eladio Vélez y Horacio Longas.
¿Sabe el público aquí presente qué es la Galería de Arte Nacional y a qué se destina? Me bastaría leer, para informarlo, los primeros párrafos de los estatutos:
"La "Sociedad de Arte Nacional" se constituye en esta ciudad de Medellín con objeto de estudiar, difundir y fomentar los progresos de la Escultura, la Pintura, la Música, la Literatura, la Poesía, el Teatro, la Arquitectura, etc. Como fuerzas al servicio de los intereses nacionales, morales, materiales, estimulando la recta y eficiente aplicación de sus principios dentro de estrictas normas morales. Trata de preferencia todo lo nacional Colombiano".
"La Junta Directiva, en cuanto sea oportuno, organizará conferencias, veladas musicales, exposiciones de artes plástica individuales y colectivas permanentes, visitas, viajes y cuantos actos y contactos considere oportunos para el desenvolvimiento de sus fines de cultura. Así mismo podrá organizar cursos de capacitación artística, autorizar y emitir informes y dictámenes de asesoramiento, acordar la asistencia a congresos y otros actos nacionales o internacionales de las especialidades que son su misión, podrá editar órganos de difusión, libros de autores nacionales, adquirir obras artísticas en la forma en que en el reglamento se explicará, y por último crear premios anuales cuando sea conveniente".
Que la sociedad ha cumplido, dentro de sus modestas posibilidades, este programa, lo dice la siguiente breve estadística de realizaciones: 20 recitales poéticos, 12 conciertos de música de cámara, 25 recitales de distintos conjuntos y artistas, 10 conferencias culturales, 2 exposiciones colectivas de pintores y escultores antioqueños y 5 exposiciones individuales.
¿Cómo ha podido hacerse todo eso? Poniéndole corazón, que es la moneda con que financian sus obras los artistas. En vez de billetes, amor si existe alguna estatua de mercurio en la Galería de Arte Nacional, no es por lo que representa ni para adorarla en horrenda idolatría, sino porque su bello cuerpo de zagal, sus alas y su caduceo son simples motivos de arte, así como un turpial canta en su jaula desentendido de que al pie dueño y presunto comprador estén negociando su venta...
Es dura la vida del artista en ciernes porque la sociedad no lo conoce y porque sus mismas aparentes disposiciones pueden ser engañosas o, siendo ciertas, frustrarse. Pero el artista logrado y consagrado debería contar con mejor apoyo de la sociedad. No ocurre así, empero, entre nosotros, salvo excepciones que es justo reconocer, como los concursos de música y pintura que dos de nuestras grandes empresas industriales – Fabricato y Tejicondor – realizan a favor de todos los colombianos. Hace falta, por tanto, conseguir que se extienda ese estímulo y ese apoyo. Bien podrían nuestros ricos adornar el patio de su casa con una estatua original de un artista criollo, sus salones con cuadros o con vasos hechos aquí, y debería expandirse la costumbre de ornamentar vestíbulos y salones con murales como los que, en buen hora, ordenaron el Banco Comercial Antioqueño y el Banco de Colombia. En cuanto a las entidades oficiales, apenas sí se sigue el ejemplo del Concejo de Medellín, de la Universidad Nacional en la Facultad de Minas y de la Universidad de Antioquia en su Facultad de Química, de Exomar sus auditorios o paraninfos con frescos como los de nuestro admirado Pedro Nel.
Más como faltas de estímulo, se lo tiene que dar a sí mismos los artistas, por medio de institutos como éste. Menos mal que los departamentos de extensión cultural de Antioquia y del municipio han creado aquella casa de la cultura que, bien orientada, puede convertirse en vivero de artistas y foco de irradiación cultural sobre el país entero. Y menos mal también que la Sociedad de Mejoras Públicas, con sus pobres recursos y con auxilios reducidos, sostiene el ya venerable Instituto de Bellas Artes del cual han salido maestros consagrados.
No me cansaré por tanto de alabar la iniciativa de la Galería de Arte Nacional, ni de ponderar el mérito de sostenerla con las modestas cuotas de sus socios, artistas los más y enamorados del arte.
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