La obra de este notable escultor nacido en Medellín en 1910 y fallecido en 1976, se debe inicialmente a la tradición. Él la absorbió inicialmente de su propia familia, que con gran similitud con aquellas de Florencia, ha contado por generaciones con artistas de prestigio y tradición.
Al lado de Luis Eduardo y Bernardo Vieco, sus tíos, nutrió y saturó su espíritu de un clasicismo en proceso de transformación que le dejó el conocimiento técnico y académico, el gusto en el manejo de la arcilla y la fundición. En 1965, Marín Vieco expresó: "Me gusta untarme del material con que trabajo y sentir el calor sofocante que expide el metal candente en la fundición. Después me place pulir mi obra, ayudado de mis artesanos que jamás me incomodan."
La segunda fuente de su formación fue la indígena. Su obra se sale de los moldes, libre de cánones y ajena a cualquier sometimiento o fórmula. Esta adquiere el acento peculiar americanista pero con un tremendo carácter expresionista, sentimiento esencial del arte precolombino. Sus concepciones indigenistas no se limitan a copiar los monolitos y las cerámicas. Sin embargo se sirvió del conocimiento directo, del pensamiento y las costumbres de algunos grupos indígenas con los cuales no vaciló en compartir su vida.
Más tarde fusionó su obra con las enseñanzas dejadas por la obra de Barlach y Lehmbruck: "En Barlach, (escultor alemán fallecido en 1938) encontré novedad muy de mi agrado porque éste conjugó el clasicismo con las formas simples del arte moderno". Entre los escultores colombianos, además de la influencia de Bernardo Vieco, Marín Vieco se refirió a José Domingo Rodríguez, Marco Tobón Mejía y Rómulo Rozo como los escultores colombianos de mayor trascendencia.
La comprensión del desarrollo plástico de las creaciones de Marín Vieco el desenvolvimiento temático que afirma su personalidad son evidentes ante sus esculturas de Cristo, San Francisco, Beethoven, Bolívar y Quijote. Recrea estos personajes conservándolos siempre como sus temas cultos. Los tamborileros, arrieros, mitos y algunos temas humildes son además de vernáculos, hondamente humanos. Estos temas predilectos le ofrecieron la fuerza y libertad expresivas, indispensables para alejarlo de la academia y llevarlo hasta lograr el desprendimiento de esta tradición inicial.
Otro aspecto interesante lo constituye la frescura sin rebuscamiento de sus esculturas religiosas que involucran los conocimientos anotados y conducen al artista hacia el más consciente y delicioso arcaísmo. En estas obras resalta una extraordinaria calidad caracterizada por la homogeneidad entre el artesano y el artista.
De claros resultados expresionistas por el retorcimiento, el dolor y la tortura son sus Cristos, inertes y elásticos. Con gran sentido moderno en la concepción y movimiento, abolió la cruz en varios de sus crucificados en su afán de desmaterialización. Posteriormente su obra se evadió con alargamientos flamígeros, así como las escenas de mitos y las creadas como masas monumentales para sitiales públicos.
Mas la esencia de todo esto es el tormento, la tortura interior, la sangrante herida ancestral, la magia y el culto que hermanan y saturan sus obras. Estas son el testimonio vivo de estados de abatimiento y melancolía, así como de un sentimiento reprimido que no tiene otra forma lógica de exteriorizarse que a través de la expresión desesperada, de la distorsión quebrantada que se articula hábil y caprichosamente. Este mar sin fondo de necesidades interiores, luchas y pasiones vertidas convincentemente en la arcilla y el metal, son las que hacen de Jorge Marín Vieco el único escultor expresionista de trascendencia en nuestro país.
Este importante artista trabajó con la honestidad y sencillez que le fueron propias y ajeno a toda propaganda. No cabe duda, que su nombre continuará imponiéndose con la única divisa de su obra.
* Conocido pintor y crítico antioqueño. Autor del libro "Evolución de la Pintura y la Escultura en Antioquia"
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