Carta del maestro Jorge Marín Vieco a su hijo: Jorge Alberto Marín R.

Medellín, enero 6 de 1974

 Jorge Alberto:

Recordado y sentido hijo mío:

Es poquita y corta mi vida para bendecirte y quererte, pero puedes estar seguro que donde quiera que estés, siempre estaré contigo de corazón y mi espíritu te acompañará y gozará de tus triunfos y alegrías, y sufrirá también con tus pesares y dificultades que en la vida normal se te presenten.

Yo no soy feliz, tú lo sabes, porque no se puede ser plenamente feliz, mientras la conciencia no se encuentre en paz. Mientras uno tenga remordimientos vivirá atormentado y reflejará amargura. Yo empezaré a vivir nuevamente el día en que pueda ofrecerte algo positivo, como sea que me realice como escultor con una obra abundante y fuerte. Tu con tu sensibilidad entiendes la escultura en una forma apasionada como pocos. Bien sé que esto te alegrará y podrá ponerte en armonía con nuestro amor. Lo único es que tengo que convenir con que me encuentro algo enfermo, pues hasta para escribir casi no me ayuda el pulso, tiemblo y así es para leer, no tengo casi concentración. Todo esto me afecta mi capacidad para modelar y crear. Me da miedo hasta intentarlo porque me parece que voy a defraudarme y a decepcionar a los que tanto han creído en mí.

Me pediste que te modelara un busto de Cristo ahora que a los 18 años estás atravesando una etapa mística. Quise complacerte. Lo empecé, y me apena decirte que fui incapaz de terminarlo. Me sentí tan lejos de Dios que la fuerza de mis concepciones de otra época sencillamente no tuvieron salida con el barro. Son tantos los Cristos muertos que he hecho y ahora que quise un Cristo vivo no tuve el valor.

Me siento cansado de solucionar a medias tantos problemas económicos sin tener hasta ahora nada estable, aunque la esperanza de mi recuperación la tengo puesta en mi trabajo común, no en el trabajo creador.   Sin embargo, la obra para el Cementerio Montesacro parece estar tomando cuerpo. De cristalizarse el proyecto sería el tema de la Transfiguración con una altura de 20 metros....(Tuve que suspender aquí la escritura, porque llegó Luis Alfonso Ramírez, el artista médico que conoces y se demoró bastante. Luis Alfonso llegó a tiempo pues le conté de mi estado y me dijo que Horacio Longas también había sufrido algo parecido y se había recuperado a la maravilla con un tratamiento que él va a seguir conmigo. Ojalá me sirva, yo sé que lo mío es más complicado pero pienso poner toda mi voluntad para recuperar lo que he perdido).

Con tu inclinación religiosa, es probable que de no volverte fanático, puedas tener una mejor vida que la mía. Por seguro así lo deseo. Veo un buen futuro en ti y es evidente que en muchas cosas me llevas ventaja a pesar de tu juventud. El otro día Jorge Artel me dijo que parecías un santo hindú por lo sano y virtuoso que eres y aunque estoy seguro que estás lejos de ser un santo y hasta te puede causar risa el comentario de Artel, sí me siento orgulloso de lo buen hijo que eres. Quiero que no te engañes a ti mismo, que encuentres tu vocación y ojalá que seas un gran músico. Con una espátula o pincel se ha engañado a mucha gente y como músico vas a ofrecer siempre un trabajo íntegro. Tus deseos de dedicarte a la escultura me asustaron y me opuse a ello, pero debo decirte que aunque tendrías que pulirte en la disciplina del dibujo, en algunos aspectos podrías ser un mejor escultor que yo.

A mi me cogió ventaja la vida y los elogios que a veces recibo por mis obras los escucho con la sensación de no merecerlos. Hombre de Paz, por ejemplo, que no es mi mejor obra pero sí la más voluminosa la debería haber ejecutado hace 20 años. Si juntara toda mi vida me hago creer que la he dedicado por entero a la escultura pero la verdad es que si sumo el tiempo trabajado no son más de 10 años dedicados a este oficio que si bien amo, también con frecuencia rechazo internamente. Ha faltado dinero, es cierto, pero cuantas veces me sentí tentado a encerrarme en una cabaña a crear, dejando todo el mundo atrás y no lo hice...Ahora se me está acabando la vida y mi obra es inconclusa. Mi sueño de llenar a Salsipuedes de muñecos* te va a tocar a ti realizarlo. Tu vas a ganar más dinero que yo y vas a saber administrarlo...Vas a tener con que pagar las fundiciones y los materiales que yo no pude.

Tuve el orgullo de nunca buscar trabajo o contratos. Sin excepción siempre me buscaron en mi escondite de Salsipuedes, pero ahora me pregunto si no tendría razón Rodrigo Arenas a quién tanto critiqué por coger su Volkswagen de oficina en oficina para buscar oportunidades. No tengo el temperamento de vendedor y de pronto tienen razón los que dicen que es necesario.

Espero tu regreso con toda mi alma para dedicar el resto de mi vida a ti y a tu hermana María Teresa como que son mi única razón de vivir. Me arrepiento tanto que ella no viva conmigo...no quiero hacerlos sufrir más y estoy luchando por desterrar de mi mente todo lo absurdo y loco que se ha apoderado de mí. primero lo estoy reconociendo, segundo estoy buscando la forma de dejarlo. Creo en encontrar de alguna manera mi salvación y la de todos. Sé que es dura la etapa que estás quemando como estudiante en Bogotá, pero es algo que para ti es muy positivo. Cuídate sobre todo de enfermarte y recuerda siempre que estoy gozando y sufriendo a la vez y que seré feliz el día que pueda abrazarte de nuevo. Ora al Señor por mí, que yo rogaré por ti...

*Así se refería salerosamente el maestro Marín Vieco a sus esculturas.

Varias correcciones de puntuación y ortografía fueron hechas del original.

home_hc