ARTÍCULOS DEDICADOS AL MAESTRO ALVARO MARIN VIECO
El Eslabón perdido (clic para ver)Por: Eduardo Peláez Vallejo
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El principio, el origen de su obra, podría ser el respeto por la naturaleza. Aunque este respeto constituye para él fuente inagotable de soluciones, lo propio de su proceso creativo son las conclusiones derivadas de la observación más que de la copia textual. Así pues, Marín está más cerca de la historia del Arte, de la riqueza interpretativa; más cerca del manejo atmosférico de los impresionistas, de la noción de la pintura como un hecho independiente de la naturaleza. La geometría del cuadrado, soporte exterior de su obra, se repite en el interior, acentuando la no representación, la negación de la perspectiva.
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No es el cambio, la metamorfosis, la ley que en su aventura plástica sirve de guía a los dibujos, pinturas y esculturas de Álvaro Marín. Tampoco la figura, con sus múltiples posibilidades expresivas. Ha sido un canon rector en su trabajo ni la representación que, al menos, le ofrecería una tradición y una certeza. Desde un principio, no hay que olvidarlo, Marín convino con moverse dentro de ciertos límites que, paradójicamente, constituían su mejor carta y opción. Por supuesto, existían los modelos (Albers, Hernández) que, en los términos de la abstracción, también le dedicaban el grado de rigor y sensibilidad que imponía un trabajo como suyo. Y es que, en lugar del exceso, del vocabulario amplio, incontenido, Marín redujo su labor con la pintura, apoyándose en la grafía simple del cuadrado y las barras, al color y, por lo tanto, al tránsito de la luz y sus efectos, algo al parecer simple (a los ojos del profano), pero que materializa la aventura moderna de la pintura misma. En lugar, pues, de la representación clásica, el tono, la variación, el suceso visual, que medita y reflexiona sobre su propia esencialidad. En lugar de la ilustración, el color que, en sus íntimos mecanismos, texturas y gradaciones, se resuelve siempre como un estado de alma. De ahí que nos sea indiferente que los colores cálidos y fríos, lo oscuro o luminoso, es sus juegos y relaciones múltiples, en cada etapa del auto, predominen y se alternen, desarrollen una jerarquía. Estar alegre o melancólico es cuestión de color. Del amarillo o rojo al azul y gris, en su reacomodamiento infinito, la pintura puede mostrar al alma lo que va del extravió a la salvación, de la muerte a la vida, y viceversa. En efecto, darle un lugar en nuestra vida a la complejidad de la sensación, constituye la razón de su arte. Por años, pues, sin moverse un ápice de su interés, pese al canto de sirenas de todo presente, Marín ha logrado, a través de un adecuado equilibrio de sensibilidad y razón, una obra seria y bella, digna del mayor reconocimiento.
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En 1975, en lo que hoy es el Museo de Antioquia, pude acercarme por primera vez a un conjunto de pinturas de Álvaro Marín. La exposición, recuerdo, tenía un nombre que agrupaba una serie de cuadrados rigurosos: PAISAJES INTERIORES Después, por años, vi cuadrados y cuadrados que como propuestas ocupaban bienales, salones, espacios de casas y museos; ninguno igual al otro. Cada vez sentía que el cuadrado solo era un dibujo convencional, una disculpa en la que el color podía hacer desde silencios hasta sonidos densos, atmósferas, ritmos, juegos, series y armonías. En cada obra, pienso, Marín animaba y recreaba alfabetos y códigos inciertos, recuerdos de sueños, de vivencias; en cada cuadrado se descifraba tal vez un huco negro en el que el eco podía regresar y regresar. Era como si la vida pudiera respirar dentro de esa geometría elemental; algo cercano a la libertad que anima secretamente la razón. Ha pasado mucho tiempo; ahora, Marín es igual, con dudas, como un guerrero sedentario, terco. Hoy, para acercarme a su trabajo, podría hablar de referencias a la ilusión del espacio, la estructura compositiva, la naturaleza como el gran maestro, la interacción del color o el cuadrado en Albers; podría pensar en Lao Tse: “Un gran cuadrado sin ángulos ni lados”; o hacer alguna referencia a Rothko y hablar de atmósferas, veladuras, abstracciones, libertades.
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